Haneke decide llamar “Amor” a su
película y lo retrata de una forma inusual en el cine. Para empezar, no es demasiado normal ver a una pareja de ancianos como protagonistas
de la película y menos ancianos enamorados. Porque si algo desprende
esa pareja desde luego es amor, respeto el uno por el otro y mucha
ternura.
Me llamó la atención que después de
tantos años juntos, sigan diciéndose gracias y por favor. Es
inevitable pensar en ti mismo en un futuro y en muchas escenas pensé
cómo me gustaría tener una relación así cuando sea una casi
octogenaria, leyendo los dos juntos y compartiendo lo más
interesante con el otro, yendo a escuchar un concierto y que a pesar
de tener tantas arrugas haya alguien que te siga viendo hermosa.
Pero la edad no perdona a nadie, toda
la experiencia y la sabiduría adquiridas deja paso a saber cada vez
menos y poder hacer cada vez más poco. Eso destruye el corazón de
cualquiera, sobre todo habiendo tenido una relación basada en el
cariño. Pero Haneke no perdona, no le importa destrozarte el alma si
se trata de mostrar algo de realidad. Te lanza con todas sus fuerzas
a que toques el suelo con lo pies como gritando: “seamos
realistas”.
Aún no lo sé con seguridad, pero creo
que no me gustó la película porque no me gusta sentirme incómoda
en una sala de cine, no me gusta ver a personajes sufrir porque
Haneke muestre una muerte lenta y no le importe que haya cierta
dureza en cada uno de los planos, no le importe mostrar el dolor por
el que pasan los personajes sin apartar la cámara. Supongo que es el
estilo de Haneke, una combinación de crudeza y sencillez, pero que
de alguna forma hace que cada vez que escucho que una película lleva
su sello quiera ir a verla.
En las historias de Haneke no puede
haber personajes que no sean llevados hasta el límite. Pero sobre
todo en Amour, donde los dos personajes principales se encuentran en
situaciones muy complicadas. Son llevados al límite tanto una, que
se va deteriorando cada vez más hasta no poder moverse, no poder
hablar e incluso a veces perder el juicio. Como el otro que ve como
su mujer, la persona a la que tantos años ha querido, sufre y padece
por no querer ser una carga, aunque para él no lo sea, no mientras
ella siga siendo un poco ella. Inevitablemente, el viejo George
(Jean-Louis Trintignant) debe hacer que deje de sufrir ella, él
mismo y su familia.
Podemos pensar que es un acto de
valentía o incluso que es inhumano. ¿pero no es inhumano sentir que
se vulnera la dignidad de la persona que amas día tras día? Y sobre
todo ¿que te lo hace saber con solo una mirada? Yo prefiero pensar
que es un acto de Amor.
PD: He encontrado el guión de la película vía @SergioKikinan, seguro que os gusta a los más cinéfilos :)





Me ha encantado tu crítica, seguro que la veré! Es curioso que Funny Games esté entre mis películas favoritas y no haya visto más de Haneke. Pero esta caerá seguro. Sigue así Paumensan.
ResponderEliminarGracias por el comentario Paula! me alegra que te haya gustado la crítica, estoy segura de que disfrutarás con la peli :)
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