Asistía una vez más a ver una
película sobre los marginados en los institutos estadounidenses.
Donde el quarterback y las animadoras son los populares y el típico
empollón se sienta solo en la cafetería, aguanta insultos y vuelve
solo a casa contando los días que faltan para que termine la tortura
de asistir al instituto.
Pero esta vez era diferente, esta vez
el chico es especial de verdad y se enamora de una chica especial,
amante de la buena música, un poco alocada y atractiva. Emma Watson
deja de ser la sabelotodo repipi de Harry Potter para convertirse en
una adolescente independiente que lucha por ser admitida en la
universidad, pese a la mala trayectoria de años anteriores.
La historia se sitúa en los años 90,
me hubiera gustado un vestuario mucho mas hortera como el de los
auténticos 90, me refiero a los jerseys de lana de “Padres forzosos” o los
pantalones de tallo alto con zapatillas blancas de las gemelas de
“Sweet Valley”, pero estamos hablando de unos adolescentes que no
siguen las normas que se sorprenden al escuchar “ Come on Eileen” en el baile del instituto y que
interpretan The Horror Picture Show en sus ratos libres.
Hay cierto aire de película
independiente como si Emma Watson se decantara por otro tipo de
películas que se desmarcan del público que asistía a sus
anteriores películas.
Poco a poco, el espectador va
conociendo el porqué de la timidez del chico introvertido que se
refugia en la música (buena música como dicen en la película) y en
la literatura. Establece una buena relación con su profesor de
literatura quien le hace ver que tiene talento para llegar ser un
buen escritor.
Bonita historia sobre la amistad con pinceladas de
momentos amargos protagonizada por Charlie un joven que despierta
ternura y emocionan las ganas que tiene el personaje por ser libre y
ser por fin él mismo, alejado de los fantasmas del pasado.





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