¿Qué es lo mejor del verano? Pues el cine de verano. Un parque, unas sillas y una pantalla gigante. No se necesita más para disfrutar de las noches de verano.
La primera película que he visto este año al aire libre ha sido El Gran Gatsby. Al final refrescaba un poco, tendré que coger rebequita la próxima vez. Si es que hay que escuchar a las madres...
No he leído muchas críticas sobre la película, pero supongo que no son pocos los que habrán criticado el estilo de Baz Luhrmann, en el que se mezcla la estética de los años 20 con música actual y abundan planos más propios del videoclip que del cine, pero creo que es cuestión de gustos y a mí me encanta.
Tras varias adaptaciones de la novela de Scott Fitzgerald, creo que hacer algo fuera de lo convencional era lo oportuno. A lo largo del film descubrimos poco a poco los secretos que se esconden tras la fama de Gatsby. Fama que proviene de las fiestas que se celebran en su casa. A Gatsby le gusta todo a lo grande, una mansión a la que llegan las grandes personalidades de Nueva York. No es de extrañar que el joven Nick Carraway se quede petrificado ante tanto lujo y desenfreno en la primera fiesta a la que fue invitado personalmente por Gatsby a través de una nota.
Me recordó, salvando las ditancias, a aquella fiesta de "El Guateque", una gran piscina, grandes dosis de champán, solo faltaba el elefante... Aunque en la película de Luhrmann encontramos cebras hinchables.
Tras dejar boquiabierto al espectador con tanto lujo, los vestidos de lentejuelas y las mujeres de pelo corto, conocemos a Gatsby.
Leonardo DiCaprio nos recibe en su casa con una sonrisa y descubrimos un personaje que es capaz de conseguir lo que se proponga porque hace sentir especiales a los que le rodean, especialmente a Nick, el joven llegado a la gran ciudad. Pero nada de esto hubiera sido posible sin una motivación y ésta es el amor. ¡Ah! ¡el amor!
Leonardo DiCaprio nos recibe en su casa con una sonrisa y descubrimos un personaje que es capaz de conseguir lo que se proponga porque hace sentir especiales a los que le rodean, especialmente a Nick, el joven llegado a la gran ciudad. Pero nada de esto hubiera sido posible sin una motivación y ésta es el amor. ¡Ah! ¡el amor!
Tras cinco años sin verse, Gatsby y Daisy se reencuentran y entonces... Lana del Rey.
Imposible concebir el universo que construye Luhrmann en cada película sin la música. Recordé al instante aquel trabajo que escribí sobre el montaje del cine actual en comparación con el videoclip. No faltó un análisis a algunas de las secuencias de Moulin Rouge. Esta vez no es un musical, pero de igual manera encontramos el estilo personal del director, capaz de conjugar música pop actual con una escenografía que nos traslada a otras épocas. Estamos en los años 20 y ni una nota de jazz.
Leonardo DiCaprio adorable como siempre, perfecto en el papel de personaje excentréntico, rico y glamuroso, ese perfil que tanto conoce tras se papel de Howard Hughes en "El Aviador".
Leonardo DiCaprio adorable como siempre, perfecto en el papel de personaje excentréntico, rico y glamuroso, ese perfil que tanto conoce tras se papel de Howard Hughes en "El Aviador".
He de confesar que al principio me costó olvidar a Peter Parker cuando veía a Tobey McGuire, sobre todo al principio de la película cuando no conoce nada, con esa imagen de novato y que todo está por descubrir. Pero se vislumbra un buen actor en algunas de las escenas, sobre todo en la orgía a la que asiste con su primo y Tobey Maguire es capaz de controlar a la perfección la expresión de su rostro (¿o estaba borracho realmente?
En definitiva, una película que se salta las normas, pero consigue conectar con el espectador. Al fin y al cabo, la banda sonora forma parte de nuestra época actual y la historia podría serlo perfectamente, aunque la ambientación del Nueva York de los años 20 otorga esa carga de glamour y lujo. Fantástica historia contada por un joven escritor en busca del sueño americano dedicándose a los bonos de bolsa.







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