Desde
hace algún tiempo uno de mis pasatiempos favoritos es ir al cine con
mi madre. Vamos al auditorio del pueblo donde vivo, donde exhiben películas
que ya llevan varias semanas en los cines multisalas. Lo mejor es que
solo tenemos un día o dos, para poder ver las películas y
organizamos todos nuestros planes para poder ir a ver una película
juntas.
La
unión que se forja en una sala de cine es extraña porque no hablas
con la persona a la que vas, pero estás sintiendo lo mismo. Después
se hacen bromas o comentarios con los diálogos de la película que
si los demás no han visto, pierde la gracia, pero tenemos esa mirada
cómplice porque nosotras sí sabemos de qué estamos hablando.
Supongo que por eso muchas veces se invita al cine a alguien en las
primeras citas de una relación de pareja.
El caso es que ahí fuimos mi madre y yo a ver Django. Yo había leído críticas muy buenas sobre la película, pero mi madre sabía poco sobre la película, simplemente que era un western de Tarantino. Cuando salí del cine pensé que solamente así podía ser un western hecho por Tarantino. Solamente con Tarantino te puedes reír mientras hay un tiroteo entre ocho personajes (por lo menos) y las paredes pintadas de sangre. Solamente Tarantino podía haber creado esa obra maestra y dejar sorprendida a mi madre. Porque Django no es como sus películas anteriores, es mejor.
Unos
días antes de ver Django, vimos por la tele Pulp Fiction (sí, vivo
con mis padres) y al salir del cine mi madreme dijo: “este
Tarantino me está gustando”. Sabía que se refería a que en poco
tiempo había visto dos películas de este director que le habían
sorprendido gratamente.
Yo me
declaro admiradora de los diálogos de las películas de Tarantino,
creo que son elocuentes, interesantes, atractivos y apasionantes.
Christopher Waltz, qué voy a decir!, excelente actuación y ya
cuando habla en alemán me compra totalmente. Merecidísimo el Oscar
a mejor actor. Además es un personaje que lleva a la reflexión
porque, el único personaje que no es racista en la película, es
alemán, incluso el personaje de Samuel L. Jackson es más racista
que su “dueño”, interpretado por Leonardo DiCaprio. ¿Se me
permite decir una cosa? Amo a DiCaprio porque en esta película me
parece todo lo contrario a una persona atractiva físicamente y
porque su personaje es odioso...
Finalmente
recomendaré a todo el mundo que tenga oportunidad de ver la película
que la vea y sobre todo que disfrute de la banda sonora, porque
Tarantino nunca deja la música al azar y en esta ocasión es
exquisita con canciones del mismísimo Ennio Morricone, ese gran
entendido de la música y del género western.




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