sábado, 19 de octubre de 2013

La piedra de la paciencia





Se nos presenta una mujer que cuida de su marido. El marido vive, respira, pero no contesta a nada de lo que su mujer le dice. No puede escucharla. Asistimos entonces a un monólogo en el que ella cuenta todo lo que en diez años de matrimonio no le contó. Porque no es hasta este momento en el que él se decide a escucharla, quizá el destino ha decidido que esto debe ser así, que en algún momento de su vida él está obligado a escucharla.

La protagonista de La piedra de la paciencia se coloca el burka para salir a la calle. 



En ningún momento sabemos su nombre ni de ninguno de los que aparecen en la película. De hecho en los títulos de crédito se nos presentan con nombre génericos como el hombre, la mujer, etc. Así nuestra protagonista se enfrenta al cuidado de su marido en medio de una guerra cruda en la que los que más sufren son los civiles de la ciudad.


Asistimos a un relato duro e impactante que pretende dibujar la realidad de otras tantas mujeres en su misma situación. Pese a tratarse de un monólogo con muy pocos momentos de diálogo que se reducen a las intervenciones en las que su tía le da sabios consejos y que la ayudan a seguir adelante, las imágenes bien hiladas con la voz y la excelente actuación de la protagonista  (Golshifteh Farahan) no dejan que te pares a mirar el reloj en ningún momento. Resulta realmente hipnótica.


La mujer, musulmana y con dos hijas debe así cuidar a tres personas a su cargo, pero ella no puede trabajar y por tanto no tiene ingresos económicos. Al salir a la calle para conseguir suero y medicinas para su marido se pone un pañuelo sobre su cabello y sobre éste un burka. Se muestra una ciudad abatida, pero donde hay circulación de personas que todavía viven allí. De vez en cuando pasan guerrilleros con armas de fuego en las manos o explota una bomba.

La protagonista de La piedra de la paciencia


Ante tal panorama, la protagonista debe buscar algo de dinero y acude a su tía que se encuentra al norte de la ciudad. Ella le habla de la piedra de la paciencia. Ésa a la que se le puede contar todo lo que tienes dentro y que a nadie más te atreves a contar. De este modo, la joven musulmana encuentra en su dormido marido una piedra de la paciencia a quien contarle su historia y lo difícil que es la vida para una mujer en una ciudad de Oriente Medio. A pesar de lo que la protagonista relata sobre la relación con su marido ella siempre regresa a cuidar de su piedra de la paciencia y a seguir desquitándose y contando aquellas situaciones de su vida que le marcaron y que hasta ese momento nunca pudo contar. Hasta que la piedra de la paciencia se rompe, como ella misma dice, en un final que se convierte en la catarsis de la protagonista.

La protagonista junto a su marido. 




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